miércoles, 15 de septiembre de 2010

REFLEXIONES ACERCA DEL IMAGINARIO LATINOAMERICANO




EL IMAGINARIO LATINOAMERICANO
Mesa redonda dirigida por:
Rocío Durán-Barba,
con la participación de:
Silvia Costanzo, Duván López,
Isabel Soto, Luís Mizón




REFLEXIONES ACERCA
DEL IMAGINARIO LATINOAMERICANO
Silvia Costanzo

Cuando Rocío Durán-Barba me hizo el honor de invitarme al difícil ejercicio de sintetizar en una presentación de diez minutos el vasto tema del imaginario latinoamericano, en ocasión del bicentenario de las independencias, me dije que un elemento clave de este imaginario, somos, desde siempre, nosotros mismos. Es decir la imagen que tenemos de nosotros, la manera en que respondemos a la pregunta "¿quién soy ?" En efecto, las interrogaciones esenciales que jalonaron la historia de nuestro continente han estado marcadas por una reflexión y una búsqueda permanentes sobre la identidad. De ninguna manera, sin embargo, en su concepción reductora, limitada y unidimensional sino mas bien sobre el reconocimiento de una identidad múltiple, marcada por el mestizaje, pero capaz de preservar características propias y de resistir a las tentativas de homogeneización.
América "latina" es un lugar de utopías y de paradojas. Una tierra que fue soñada e imaginada antes de ser "descubierta" por los europeos a fines del siglo XV. ¿Cómo evocar en efecto un "descubrimiento" en 1492 cuando los hombres y mujeres que la poblaron de norte a sur habían llegado en oleadas sucesivas desde hacía más de 30.000 años, según lo afirman las investigaciones más recientes ? Instalados en todas las comarcas, aún las menos hospitalarias, ellos supieron crear relaciones armoniosas con su medio ambiente y descubrir los tesoros que la naturaleza podía ofrecerles, muchos de los cuales son aún ignorados por la farmacopea occidental.
En el momento a la vez maravilloso y trágico de la llegada de un puñado de españoles que iban a transformar el mundo conocido, que iban a "clausurar el mundo" ( ya que se trató, en efecto de lo que podemos llamar una "primera mundialización") dos universos míticos de extremada riqueza y complejidad se "confundieron" y se "reconocieron". Hubo en efecto un juego de reflejos equívocos por el cual cada uno fue para el otro una figura de su propio universo imaginario.
Los Aztecas esperaban el regreso de uno de sus dioses, Quetzalcoatl, quien según una antigua profecía debía volver desde el este hacia donde se había marchado. Cortez fue "reconocido" como ese dios que volvía y supo muy hábilmente explotar el mito de ese retorno anunciado. En un discurso tristemente célebre el emperador Moctezuma le cede su trono, sin oponer resistencia alguna. No será sino más tarde que los invasores serán identificados con "el diablo" del cual ellos mismos veían por doquier los signos. Pero la suerte ya estará echada.

Aún en nuestros días, una percepción errónea tanto de los otros como de sí mismo es moneda corriente en las relaciones entre Europa y América Latina : las imágenes recíprocas reflejan a menudo los estereotipos que zapan las relaciones sociales, políticas y culturales.
Cristóbal Colón, por su parte, aún cuando no pueda ignorarse el ansia de riquezas que justificó sus viajes, había partido, por cierto, a la búsqueda de otra ruta hacia las Indias fabulosas ( el extremo oriente en aquella época) pero también del paraíso terrenal, que creyó reconocer en esas tierras sorprendentes y desmesuradas, habitadas por una "nueva humanidad". ¿Pero eran verdaderamente "hombres"? ¿Lo éramos? La famosa controversia de Valladolid opuso a los partidarios de la imagen de un "otro" monstruoso, idólatra y bárbaro, merecedor de la esclavitud a la que se lo quería someter, y a quienes sustentaban una visión idílica del "buen salvaje", adornado de todas y cada una de las virtudes del buen cristiano : "dulzura, humildad, pobreza…"
Esta era la posición de uno de los más ardientes defensores de la causa de los indígenas, Bartolomé de las Casas. Al reconocer, casi 60 años después de la llegada de Colón, que efectivamente esos seres tenían un alma, se abrió, de manera paradójica, la puerta de una era trágica: la que llevó por la fuerza hacia las Américas a millones de hombres de otro continente, arrancados de su Africa natal, al ser juzgados más aptos para la esclavitud.
El tercer componente de nuestra identidad se había así integrado al paisaje. Esas tierras serían por lo tanto “africanas”, como lo afirma Carlos Fuentes al igual que “indias” e “ibéricas” antes de ser designadas “latinas”.
Doscientos años después de las independencias y de la constitución de las repúblicas, parece oportuno recordar algunos datos esenciales.
El hecho, por ejemplo, de que un buen número de elementos constitutivos de nuestra identidad, en tanto que área cultural provienen del exterior. Esto ha sido, de manera paradójica, simultáneamente un problema y una suerte.
En primer lugar nuestro nombre. Ese nombre de “América”, inventado en un pueblito de Francia en reconocimiento a Américo Vespucio, quien fue el primero en afirmar que se trataba de un nuevo mundo (¡toda América debería en realidad llamarse Colombia!).
En tal caso, el simple hecho de tener un nombre otorgó una ficción o una ilusión de unidad a ese territorio inmenso, en el que se habían desarrollado grandes civilizaciones, con una tecnología sofisticada, al lado de tribus dispersas que vivían de la caza y de la pesca.
América no era en modo alguno un territorio unificado antes de la llegada de los españoles. Las etnias más diversas hablaban cientos de lenguas diferentes. Y esto sigue siendo el caso, aun en nuestro días.
Fue por lo tanto la mirada del otro, aunque haya sido una mirada reductora, la que nos permitió construir un sueño de unidad y acceder a un lenguaje común, más allá de nuestras diferencias, para poder nombrar el mundo y pensarnos a nosotros mismos. Como lo dijera muy poéticamente Pablo Neruda: “Se lo llevaron todo, nos lo dejaron todo : nos dejaron las palabras”.
Si damos un salto en el tiempo para llegar a otro momento clave de nuestra historia, será nuevamente Francia quien ha de jugar un rol de “creadora de identidad”, en el momento en que los estrategas militares de Napoleón III le sugieren la denominación de “latina” para una América en la cual forjaban un “sueño mejicano” por intermedio de Maximiliano de Austria. Lo que no fue en sus comienzos sino un término elegido para defender la posición de una Francia imperial, que perdía su influencia en el continente ante la avanzada de españoles y portugueses, se transformará progresivamente en un componente esencial de nuestra identidad. Ya que nos imaginaremos “latinos” aunque enriquecidos, casi a pesar nuestro, por los aportes indígenas y africanos.
Así como hemos sabido hacer fructificar las ideas venidas de otras tierras, las que trasplantadas en nuestro suelo fértil alcanzarán nuevas dimensiones.
Es el caso de la república. Una de las contribuciones más importantes que las Américas han dado al mundo –inspirada en los ideales de la revolución francesa– es en efecto esta forma republicana: sueño de independencia, de justicia, de equidad, de defensa del bien común, de una ciudadanía sin exclusiones. Mucho antes que Europa, América Latina supo dotarse de instituciones políticas modernas e instaurar una tradición de voto que ha perdurado incluso, a veces, bajo gobiernos dictatoriales.
No olvidemos que una de las primeras repúblicas del mundo fue una república negra. El caso de Haití, que es tristemente célebre en nuestros días a causa de terribles catástrofes naturales, no debe ocultar el hecho de que éste es un país emblemático, que resume los conflictos y dramas de los diferentes proyectos colonizadores, pero también la fuerza movilizadota de una visión forjada por los más humildes.
Colón la bautizó “Hispaniola” en diciembre de 1492. Los pueblos de cultura Arawak, Caribes y Taínos que allí vivían antes de la llegada de los españoles rehusaron trabajar en las minas de oro y fueron por lo tanto masacrados o sometidos a la esclavitud. Las enfermedades infecciosas que introdujeron los europeos, para las que no tenían anticuerpos, hicieron terribles estragos. Los malos tratos, la desnutrición y la caída de la natalidad hicieron el resto: la población indígena fue totalmente exterminada en el lapso de unas pocas décadas.
La trata de esclavos fue autorizada a partir de 1517. En 1804, después de encarnizadas batallas y de una feroz represión, los antiguos esclavos, después de luchar contra los españoles y los ingleses que amenazaban la colonia, lograron proclamar la independencia contra las tropas de Bonaparte.
Haití es el primer país del mundo que se constituyó a partir de la abolición de la esclavitud. Su proyecto republicano era un proyecto integrador que, a diferencia de muchos otros, no excluía a ningún sector de la población.

Quinientos años después, en este comienzo del tercer milenario, aún nos encontramos persiguiendo nuestros ideales y buscando maneras imaginativas de vencer los múltiples obstáculos que debemos enfrentar.
Las vías del imaginario también nos acompañan en esta difícil tarea. América Latina ha sabido, en efecto, aportar a la cultura universal una literatura y una poesía ancladas en nuestra tierra y en nuestra historia y a la vez reflejo veraz de la condición humana.
Esta literatura nos invita a explorar los grandes temas mitológicos que abordan las interrogaciones esenciales de nuestro universo imaginario y que encuentran eco en todas las problemáticas contemporáneas.
Elijamos tres ejes. En primer lugar el espacio y sus grandes temas: el "centro del mundo" que es una de las obsesiones de nuestros imaginarios colectivos, desde el imperio incaico –Cuzco, que era la capital, significa literalmente "ombligo del mundo"– hasta la Argentina contemporánea, que continúa contra todas las evidencias, a verse y a concebirse como el centro ; la "matriz creadora de todo lo que existe", los grandes espacios originarios, tierras desmesuradas en las que esconden aún fabulosas riquezas, a pesar de siglos de dilapidación; la búsqueda de la "tierra sin mal", ese lugar paradisíaco que empujó a los pueblos de las etnias Arawak desde América central y el Caribe hasta la Argentina. Esa Argentina en la que los españoles, buscando a su vez, incansablemente, "Eldorado", llamaron "Río de la Plata" al inmenso río que nunca los llevó hacia minas fabulosas.
Refiriéndose a la Argentina, Jorge Luis Borges dijo : "afortunadamente no somos los herederos de una única tradición. Podemos reivindicarlas todas". Venimos de todas partes y nuestra cultura tiene fuentes múltiples. La pequeña y pobre aldea que en 1810 comenzó el movimiento que iba a llevar a la independencia, soñó siempre con volverse una gran ciudad, en la que todos los pueblos pudieran darse cita. Y esta ciudad, más que cualquier otra, supo operar una síntesis, al atraer hacia ella millones de hombres y mujeres que huían de sus patrias eligiendo el camino del exilio, y al transformarlos en lo que somos: seres atravesados por la nostalgia de otros lugares. Es esta nostalgia la que con tanta fuerza transmite la melancolía del tango, una música que es la síntesis de innumerables mestizajes, nacida en las barriadas más pobres y que supo conquistar el mundo.
Luego el tiempo. Nuestra América es el lugar por excelencia de la heterocronía, allí donde todos los tiempos se encontraron y en donde están aún presentes, como lo afirma Carlos Fuentes. Allí en donde es preciso sin cesar “recordar el futuro e imaginar el pasado”.
Pero también del “eterno retorno”, para utilizar un término de Mircea Eliade. No olvidemos que esta concepción cíclica de la existencia implica la responsabilidad humana en la continuidad de la vida y del mundo. El mundo no existiría sin la intervención del hombre: es preciso un esfuerzo permanente, que cada uno cumpla con su “deber ontológico” de “demiurgo creador” para que el sol continúe brillando cada día.
Y por último el viaje. Ya lo hemos dicho: los pueblos indígenas recorrieron el continente de norte a sur, de oeste a este, en un periplo de 30.000 años. Supieron domesticar el espacio. Otros hombres llegaron más tarde, contra su voluntad. La historia fue de una gran violencia. Dicen algunos que nunca se conoció otra igual. De ese encuentro trágico nació, no obstante, una riqueza que podría ser aún mayor que la del oro y la plata tan codiciados. Quiero imaginar hoy el momento en que nuestros pueblos sepan traducir su mestizaje en fuerza y creatividad para asegurar su presencia activa en el mundo, para concretizar sus sueños más creativos, para ayudar a que fructifiquen las esperanzas truncadas de los hombres y mujeres que lucharon hace dos siglos por la independencia: una tierra de paz, abierta a todos, unida más allá de toda frontera, por un sentimiento fraterno.
Como le decía a menudo mi gran amigo Osvaldo Alvarez Guerrero, América Latina se construyó sobre un imperativo ético y político, un deber-ser, un devenir que integra una lucha permanente de los latinoamericanos por su auto-estima. América Latina quiere ser libre, independiente, justa, igualitaria y próspera.
Ojalá pueda este sueño transformarse algún día en realidad.
París, mayo 2010









RÉFLEXIONS AUTOUR DE L'IMAGINAIRE LATINO-AMÉRICAIN


L'IMAGINAIRE LATINO-AMÉRICAIN
Table ronde conduite par:
Rocío Durán-Barba,
avec la participation de:

Silvia Costanzo, Duván López,
Isabel Soto, Luís Mizón, Efer Arocha



RÉFLEXIONS AUTOUR DE L’IMAGINAIRE LATINO-AMÉRICAIN

Silvia Costanzo



Quand Rocío Durán-Barba m'a fait part de son invitation pour cet exercice difficile d'essayer de synthétiser en 10 minutes un thême aussi vaste que l'imaginaire latino-américain à deux siècles des déclarations des indépendences, je me suis dit que peut-être un élément clé de cet imaginaire depuis toujours c'est nous-mêmes. C'est-à-dire l'image que nous nous faisons de nous même, la façon dont nous répondons à la question : qui suis-je ?

Parce qu’en effet les interrogations essentielles qui ont traversé l’histoire de notre continent ont toujours été marquées par une réflexion et une recherche permanentes sur l’identité. Non pas sur une identité réductrice, limitative et unidimensionnelle mais plutôt sur la reconnaissance d’une identité foisonnante, multiple, sous l’empreinte du métissage, mais qui saurait néanmoins préserver des caractéristiques propres et résister aux tentatives d’homogénéisation.

L’Amérique dite « latine » est un lieu d’utopies et de paradoxes. Une terre qui avait été rêvée et imaginée avant d’être « trouvée » par les Européens de la fin du XV siècle. Comment évoquer une « dé-couverte » en 1492, quand les hommes et les femmes qui avaient peuplé le continent du nord au sud étaient arrivés en vagues successives, depuis plus de 30.000 ans, selon les travaux les plus récents ? Installés dans toutes les contrées, y compris les plus inhospitalières, ils avaient su créer des rapports harmonieux avec leur environnement, et avaient découvert des secrets sur les trésors que la nature pouvaient leur offrir, qui sont encore pour la plupart méconnus.

Au moment à la fois tragique et merveilleux de l’arrivé de la poignée d’Espagnols qui allait transformer le monde connu, qui allait « clore le monde », puisqu’il s’agit bien d’une première « mondialisation », deux univers mythiques d’une extrême richesse et complexité se sont confondus et aussi recon
nus. Il y a eu lieu, en effet, un jeu trompeur de miroirs dans lequel chacun était pour l’autre une figure de son propre univers imaginaire.
Les Aztèques attendaient le retour de leur dieu Quetzalcoatl qui devait revenir de l’est vers où il était parti. Cortez a été « reconnu » comme ce dieu revenant. Il en a su très bien tirer profit. Dans un discours tristement célèbre l’empereur Moctezuma lui cède la place, son trône, sans songer à résister. Ce n’est que plus tard que ces envahisseurs seront identifiés au « diable » dont eux-mêmes voyaient partout les signes. Mais c’était déjà trop tard.
Encore de nos jours les méprises sur l’autre et sur soi sont monnaie courante dans les rapports entre l’Amérique Latine et l’Europe : les images réciproques ainsi que l’image de soi reflètent souvent des stéréotypes qui entravent les rapports sociaux, politiques et culturels.

Christophe Colomb, dont on ne peut ignorer la quête de richesses qui justifiait ses voyages, était pour sa part à la recherche des Indes fabuleuses, (qui étaient à l’époque l’Extrême Orient) mais également du paradis biblique qu’il a cru reconnaître de façon évidente dans ces terres surprenantes et démesurées habitées par une « nouvelle humanité ». Mais étaient-ils vraiment des hommes ? Etions nous des hommes ? La fameuse controverse de Valladolid opposa les partisans d’une image d’un autre monstrueux, idolâtre et barbare, qui méritait bien l’esclavage auquel on souhaitait le soumettre, à une vision très idyllique du « bon sauvage » paré de toutes les vertus : « douceur, humilité et pauvreté », emblé-matiques du bon chrétien. Celle-ci était la position de l’un des plus ardents défenseurs de la cause indienne, Bartolomé de las Casas. En reconnaissant, presque soixante ans après l’arrivée de Colomb, que ces êtres avaient un âme, une porte, paradoxalement a été ouverte: celle de l’ère tragique qui apporta de force dans nos Amériques, par millions, d’autres hommes, arrachés de l’Afrique, jugés plus aptes à réduire en esclavage. La troisième composante de notre identité fera désormais partie du paysage. Et ces terres seront donc, comme le dit Carlos Fuentes, «africaines» autant qu’«indiennes», et «ibériques», avant d’être désignées comme «latines».


Deux cents ans après l’indépendance et à la constitution des Républiques, il me semble opportun de rappeler quelques données qui sont essentielles.
En premier lieu, le fait qu’un bon nombre d’éléments qui définissent notre unité en tant qu’aire culturelle sont venus d’ailleurs. Paradoxalement aussi, c’est autant notre problème que notre chance.
Notre nom tout d’abord, ce nom d’« Amérique » qui a été forgé dans un village de France comme preuve de reconnaissance à Americo Vespucci, le premier à avoir affirmé qu’il s’agissait d’un monde nouveau (l’Amérique devrait en fait s’appeler Colombie !)
En tout cas le simple fait d’avoir un nom donne d’emblée un semblant, ou une illusion d’unité à ce territoire immense, qui avait vu se développer de grandes civilisations avec une technologie sophistiquée à côté des tribus parsemées vivant de la chasse et de la pêche. L’Amérique n’était nullement un territoire unifié à l’arrivée des Européens. Les ethnies les plus diverses y parlaient des centaines de langues différentes. Ce qui est d’ailleurs toujours le cas.
C’est le regard, certes réducteur de l’autre, qui nous donna en quelque sorte ce qui fut après une grande partie de notre force : un rêve d’unité et un langage commun au delà de nos différences, pour pouvoir dire le monde et nous penser nous-mêmes. Comme l’a dit de façon très poétique Pablo Neruda : « ils nous ont tout pris, et ils nous ont tout laissé : ils nous ont laissé les mots » (« Se lo llevaron todo, nos lo dejaron todo : nos dejaron las palabras »)
Si nous faisons un saut dans le temps et arrivons à un autre moment clé de notre histoire, ce sera encore la France qui va jouer un rôle de « déclencheur d’identité » au moment où les stratèges de Napoléon III lui suggèrent la dénomination de « latine » pour cette Amérique dans laquelle ils voyaient déjà se forger un rêve mexicain, par les mains interposées de Maximilien d’Autriche. Ce qui n’a été au début qu’un mot stratégique pour défendre la place d’une France impériale, mise hors jeu dans le continent par les Espagnols et les Portugais, deviendra ensuite une composante essentielle de notre identité.
Nous allons donc nous imaginer « latins », quoique enrichis, presque malgré nous, de nos sources indiennes et africaines.
Tout comme nous avons fait fructifier des idées venues d’ailleurs qui, transplantées dans nos terres fertiles, vont surpasser de loin l’idée d’origine.
Ainsi la république. L’une de plus importantes contributions que les Amériques ont donné au monde, inspirée certes des idéaux de la révolution française, est en effet cette forme républicaine : rêve d’indépendance, de justice, d’équité, de défense du bien commun, de lieu et place d’une citoyenneté sans exclusions. Bien avant l’Europe, l’Amérique latine se dote d’institutions politiques modernes et instaure une tradition de vote qui va perdurer même parfois sous les dictatures.
Et n’oublions pas que l’une des premières républiques au monde fut une république noire. Le cas d’Haïti, hélas tellement célèbre de nos jours pour les catastrophes naturelles qui la frappent, ne doit pas faire oublier le fait qu’elle résume à elle seule les conflits et les drames de différents projets colonisateurs, mais aussi la force mobilisatrice d’une vision portée par les plus humbles.
Colomb la nomma “Hispaniola” en décembre 1492. Les peuples de culture Arawak, Caraïbes et Taïnos qui occupaient l'île avant l'arrivée des Espagnols refusant de travailler dans les mines d’or ont été massacrés et réduits en esclavage. Les maladies infectieuses arrivées avec les Européens ont fait des ravages. Les mauvais traitements, la dénutrition et la baisse de natalité firent le reste : la population indigène fut totalement exterminée en quelques décennies. Dès 1517 la traite d’esclaves noirs fut autorisée. En 1804, au terme de longues batailles, et d’une répression qui fut féroce, les anciens esclaves, après s’être battus contre les Espagnols et les Anglais qui menaçaient la colonie, ont réussi à proclamer l’indépendance contre les troupes de Bonaparte.
Haïti est le premier pays au monde issu de l'abolition de l'esclavage.

Cinq siècles plus tard, en ce début du troisième millénaire, nous sommes encore à la poursuite de nos rêves et à la recherche de façons créatrices de surmonter les multiples obstacles qui se dressent devant nous. Les voies de l’imaginaire là aussi nous viennent en aide. Les Amériques latines ont su, en effet, apporter à la culture universelle une littérature et une poésie à la fois enracinée dans nos terres et dans notre histoire et miroir magnifiant de la condition humaine. Cette littérature nous entraîne à explorer de grands thèmes mythologiques qui reflètent les interrogations essentielles de notre univers imaginaire et qui trouvent un écho dans toutes les problématiques contemporaines.
Choisissons trois axes : l’espace d’abord, et ses thèmes : le « centre du monde », qui hante tous nos imaginaires depuis « Cuzco », littéralement le « nombril du monde », à l’Argentine qui continue, malgré toutes les évidences, à se voir et se concevoir comme le centre ; la matrice créatrice de tout ce qui existe ; les grands espaces originaires, terres de toutes les démesures où sont encore cachées des richesses inépuisables, malgré des siècles d’exploitation ; la recherche de la « terre sans mal », ce lieu paradisiaque qui a poussé dans ses migrations les peuples Arawak de l’Amérique centrale jusqu’en Argentine. Là même où les espagnols, cherchant sans cesse l’Eldorado, ont nommé Rio de la Plata, rivière d’argent, ce fleuve immense, qui ne les a jamais mené vers des mines fabuleuses.
De l’Argentine a dit Jorge Luis Borges : « heureusement nous ne sommes pas les héritiers d’une seule tradition. Nous pouvons les revendiquer toutes ». Nous sommes de partout et notre culture s'est abreuvée de sources multiples. La très petite est très pauvre cité qu’en 1810 a commencé le mouvement qui a mené à l’indépendance a rêvé très tôt de devenir une très grande métropole où tous les peuples du monde se donneraient rendez vous. Et cette ville, plus que tout autre a su opérer une synthèse, en attirant vers elle tant de millions d’hommes et des femmes que leurs patries d’origine poussaient sur les routes de l exil, pour le transformer en ce que nous sommes : des êtres toujours traversés par la nostalgie d’un ailleurs. Ce que si bien traduit la mélancolie du tango. Cette musique issue de tous les métissages, née dans les faubourgs les plus pauvres et qui a su conquérir le monde.
Le temps ensuite. Notre Amérique est aussi le lieu par excellence de l’hétérochronie où tous les temps se sont rencontrés et là où ils sont tous encore présents, comme l’affirme Carlos Fuentes. Là, où il faut sans cesse « se souvenir du futur et imaginer le passé ». Mais aussi de « l’éternel retour », pour utiliser les termes de Mircea Eliade. N’oublions pas que cette conception cyclique de l’existence implique la responsabilité humaine dans la continuité de la vie et du monde. Le monde ne va pas de soi : il faut un effort permanent, que chacun accomplisse son « devoir ontologique » en tant que « démiurge créateur », pour que le soleil puisse chaque jour continuer de nous éclairer.
Et pour finir le voyage. Nous l’avons dit : les peuples indigènes ont parcouru en 30.000 ans le continent du nord au sud, d’ouest en est. Ils ont su apprivoiser l’espace. D’autres hommes sont venus les rejoindre, bien plus tard. L’histoire a été d’une grande violence : beaucoup sont ceux qui disent que rien de tel n’a été connu ailleurs. De cette rencontre tragique est née, néanmoins, une richesse qui pourrait être encore plus fabuleuse que l’or et que l’argent tant convoités. J’imagine l’avènement d’un peuple qui saurait faire de son métissage sa force et sa créativité pour assurer sa présence active dans le monde, pour y apporter une part de rêve, et pour aider à faire fructifier les espoirs encore non réalisés des hommes et des femmes qui ont lutté pour l’indépendance il y a deux siècles : une terre de paix, ouverte à tous, unie par delà des frontières, souvent artificielles, dans un même élan fraternel.
Comme l’a souvent dit mon grand ami Osvaldo Alvarez Guerrero, l’Amérique Latine s’est construite sur un impératif éthique et polítique, un devoir-être, un devenir qui intègre une lutte permanente des latinoaméricans pour leur auto-estime. L’Amérique Latine veut être libre, independante, juste, égalitaire et prospère.
Puisse ce rêve un jour devenir réalité.
Paris, Mai 2010










































martes, 14 de septiembre de 2010

LA FRANCE ET LA GUERRE CIVILE D'URUGUAY

EL IMAGINARIO LATINOAMERICANO
Mesa redonda con:
Silvia Costanzo, Duván López, Rocío Durán-Barba,
Isabel Soto, Luís Mizón



TROIS SIÈCLES D'HISTOIRE COMMUNE
LA FRANCE ET LA GUERRE CIVILE D'URUGUAY

Isabel Soto
Philamérica

Jeune fille, j'ai été très impresionnée par la ferveur du peuple uruguayen lors de la visite officielle du président français, le Général de Gaulle, à Montevideo le 8 octobre 1964. Encore aujourd'hui je conserve le petit disque qui nous avait été distribué, chantant la Marseillaise. Plus tard, résidant en France, j’ai toujours été surprise de constater qu'au début de chacun de leurs mandats, les présidents français, François Mitterrand et Jacques Chirac, ont tenus à se rendre, en voyage d'État, en Uruguay.
Cela m'a naturellement incité à rechercher comment et pourquoi cette relation privilégiée entre la France et l’Uruguay avait pu se développer, relation dont je pressentais l’intensité sans en connaître les origines historiques et politiques. Enfant, je me rappelle avoir entendu de la bouche de mes parents le récit de l'expulsion de l'ambassadeur français du régime de Vichy : le 25 août 1944, journée de commémoration de l'indépendance nationale, le défilé traditionnel se transforma en une manifestation devant l'Ambassade de France, le peuple uruguayen, chantant ensemble la Marseillesse et l'hymne national, déclara l'Ambassade "territoire libre français", et exiga que M Emmanuel Lancial, l'émissaire du Général De Gaulle, devînt ambassadeur de France.
Mes recherches m'ont amenée à consulter les archives du Ministère des Affaires Etrangères, ainsi que de nombreux documents et manuscrits d’époque conservés au site de la bibliothèque du Sénat et à la Bibliothèque Nationale de France (site Richelieu). J’ai pu constater l’existence de liens affectifs et politiques forts entre nos deux pays, plusieurs hommes d’Etat de premier rang ayant habité, aimé et célébré la ville de Montevideo, des personnages tels que Giuseppe Garibaldi, Mastai-Ferretti le futur Pio Nono, le comte Alexandre Walewski, fils de Napoléon Bonaparte et Marie Walewska, et futur Ministre des Affaires Etrangères de France sous Napoléon III; ainsi que la présence de James Bond à Montevideo, Consul des Etats-Unis.
*
Au XIXième siècle, alors la France cherche à établir son influence économique et diplomatique en Amérique latine, c'est en Uruguay qu'elle a réussi à établir sa base avancée.
La présence française en Uruguay est ancienne, elle remonte avant la fondation de la capitale. Les premiers Français arrivèrent à bord du Saint-Jean Baptiste en octobre/novembre 1708. L'installation des Français dans la baie de Montevideo, et les nombreuses incursions portugaises, obligèrent la Couronne espagnole à fonder Montevideo, le 24 décembre 1726, et à la peupler avec des familles des Iles Canaries et quelques éléments militaires de Buenos Aires. Parmi les fondateurs de Montevideo, se trouvait Jean Baptiste Callo, né à Nantes, avec sa femme et leurs deux enfants. La Couronne espagnole toléra l'envoi de scientifiques français tels Auguste de Saint Hilaire et Aimé Bonpland, seuls étrangers acceptés sur le territoire, afin d'étudier la faune et la flore locales. Par ailleurs, les premières cartes uruguayennes de navigation et les premières cartes côtières ont été réalisées par des Français. A la suite de l'effondrement du Premier Empire français, l'Uruguay fut terre d'exil pour les partisans de Napoléon, ce qui renforca les liens entre les deux pays.
L'Uruguay, comme d'autres territoires latino-américains, fut le théâtre des rivalités franco-britanniques. Les Anglais envisa-gèrent la création, dès 1825 dans La Revue Britannique, d'une nouvelle République qui devait permettre la navigation fluviale sans contrainte. Le Foreign Office considèrait alors que Montevideo, devenue indépendante, pourrait devenir une ville hanséatique en Amérique du Sud (c'est en effet le meilleur port naturel de l'Amérique du Sud). Intervenant directement lors de la guerre entre le Brésil et l'Argentine, Lord Ponsomby obtint l'indépendance de l'Uruguay grâce à l'appui du commandant Brown et de lord Cochrane, qui fournirent armes et munitions. Le 4 octobre 1828, le Brésil et l'Argentine accordèrent, sous la garantie de l'Angleterre, l'indépendance de l'Uruguay par un traité instituant la libre navigation sur le Rio de la Plata. Les Français cherchèrent alors à préserver leurs influences et leurs intérêts locaux : l'Assemblée constituante uruguayenne choisit le français Rondeau comme Gouverneur Provisoire, élection qui fallit alors provoquer une guerre civile et entraîner, à nouveau, l'intervention brésilienne.
Après son accession à l'indépendance en 1830, le premier traité d'immigration internationale fut signé en 1834 avec la France. L'immigration française (de 1835 à 1842, sur 32 934 émigrants, 17 765 furent Français, 8281 Espagnols et 7894 Sardes) fut supérieure à celle espagnole et à celle italienne. Au cours du XIXième siècle, un tiers de la population résident en Uruguay était d'origine française.
La présence des Français devint au XIXième siècle quotidienne. La première Chambre de Commerce française dans le monde a été la Franco- Uruguayenne. Les hôtels étaient français, ainsi que les épiciers et les "liquoristes" _ nos actuels cavistes, les cafés et restaurants; les patissiers et les boulangers préparaient le fameux "biscuit Napoléon" qu'enfant, je mangeais; ainsi que les Grands magasins comme "Au Bon Marché", les couturiers, bottiers, coiffeurs et horticulteurs. Plusieurs journaux français virent alors le jour: Le patriote français, édité pendant sept ans, était un des journaux les plus lus d'Amérique, et le porte parole des intérêts français. Une section de ce journal appelé "l'Almanach" rappelait les principaux faits de la Révolution et les campagnes napolonnienes.
*
Les Français jouent un rôle décisif dans le déclenchement et la conduite de la grande guerre civile en Uruguay (1834-1851). Deux faits historiques sont à l'origine de celle-ci, d'une part, la politique d'indépendance nationale du président Oribe, de la famille du Cid et d'Alphonse VI, d'autre part, les rivalités entre la France et Rosas, le Gouverneur de la province de Buenos Aires.
En 1830, le général Rivera -après un accord passé avec le général Lavalleja- est élu Président de la République Orientale de l'Uruguay. En 1832, la première insurrection de Lavalleja se produit, et le gouvernement demande protection et aide à James Bond, Consul du gouvernement des États Unis. Ce dernier fait débarquer cinquante hommes de l'équipage de l'Enterprize pour défendre les bâtiments de la douane, tandis que les Anglais protégènt la Maison du Gouvernement.
Son neveu Bernabé, fils d'un français, commet alors le génocide des indiens; les femmes sont vendues comme servantes à la riche population de Montevideo, et « los cuatro últimos charrúas" (un cacique et sa femme, un chaman et un guerrier) à un directeur d'école français. Ils arrivèrent à Paris comme "travailleurs émigrants", pour être présentés dans un zoo humain.
En 1834, le général Manuel Oribe succéde à Rivera. Oribe suit une politique internationale indépendante qui dérange les intérêts européens (anglais et français) et brésiliens. Il prend des mesures contraignantes à l'égard des Unitaires (des Argentins opposés à Rosas) exilés à Montevideo, il se querelle avec les monarchistes de Rio de Janeiro et les républicains de Piratinhi. Il veut conserver la neutralité tant du côté argentin que du côté brésilien, ce qui lui vaut l'hostilité des deux parties. Aussi, demande-t-il à Rio de Janeiro, la fixation des limites entre l'Uruguay et le Brésil par une Convention de Paix définitive, mais sa demande reste sans réponse.En juillet 1836, il fait enquêter sur les malversations de l'administration de Rivera dont la rébellion est matée à Carpinteria.
Lors des premiers dissensions entre Buenos Aires et la France, en 1829, le flotte française attaque un vaisseau argentin pour libérer deux français qui y étaient emprisonnés pour des délits de droit communs. En décembre 1831, de nouvelles attaques contre la flotte de Rosas se produisent. En représailles, en mars 1838, le Consul français est expulsé d'Argentine par Rosas. L'amiral Leblanc décrèta le blocus de Buenos Aires, et demanda à utiliser le port de Montevideo. Mais Oribe, fidèle à sa conception de la neutralité, ne l'accepta pas. L'amiral Leblanc commença alors à aider son rival, l'ancien président Rivera, avec des livraisons de munitions ; de son côté, Aimé Roger, Consul français à Montevideo, lui apporta de l'argent qui fut plus tard remboursé à la France. En octobre 1838, Manuel Oribe est obligé de démissionner, et, dans sa déclaration, il se plaint de l'aide française donnée à Rivera. Oribe avec 300 soldats, ses ministres et collaborateurs durent suivre le chemin de l'exil à Buenos Aires où Juan Manuel de Rosas le reçoit avec les honneurs dus à un Président.
Hood, consul de l'Angleterre, écrit alors : "Le gouvernement légal de Montevido a été détruit, et le général Rivera, chef de la rébellion, a été mis au pouvoir par les autorités françaises". L'amiral Leblanc écrivit dans son journal de bord: "Il (Rivera) m'a reçu avec une grande coordialité, et il m'a remercié des services que je lui ai prêté en déclarant que grâce à cela, il a pu rentrer à Montevideo, et comme témoignage de sa reconnaissance et de sa franche amitié pour moi, il m'a donné l'accolade, il m'a embrassé à la française".
Oribe, après avoir vaincu les ennemis de Rosas en Argentine, se lance à la reconquête de l'Uruguay. Le 6 décembre 1842, après la victoire de Arroyo Grande, il fait égorger tous les chefs rivéristes faits prisonniers, puis assiège Montevideo avec les troupes argentines. C'est à partir de ce siège que deux partis politiques apparaissent: "blancos y colorados". Le siège du haut de la butte du Cerrito de la Victoria commence le 16 février 1843 jusqu'au 8 octobre 1851, par vingt et un coups de canon. Oribe pensait que le siège serait bref. Son armée était composée de ses partisans orientaux "Blancos", de "Federales" rosistas défenseurs d'un américanisme outrancier et d'imigrants Basques, et espagnols carlistes. Pendant neuf ans, la ville est coupée de l'arrière-pays. Pendant les premiers mois du siège de nombreuses familles partent vivre au "Cerrito" constituant un quartier civil, et des familles rivéristes de la campagne viennent se réfugier dans la capitale. Par ailleurs, le blocus fait de Montevideo une ville cosmopolite, où s'entassent des émigrants venus d'Europe pour s'installer en Amérique latine, (ceci expliquerait qu’au début des années 1970, les premières recherches sur l'ADN des Uruguayens montrent que nos origines étaient moins espagnoles ou italiennes que nous le pensions).
L'organisation de "la Defensa" est alors placée sous l'autorité du général Paz. Ce dernier commande les groupes espagnols anti-carlistes, les légions sardes (les républicains) qui avaient pour chef le colonel-amiral Garibaldi, les légions françaises (les libéraux et bonapartistes) dirigées par le colonel Jean Thiébaut, ainsi que la légion des Basques- Français (les anti-cléricaux, les franc-maçons, les révolutionnaires de 1789 et les admirateurs de Napoléon) menées par le colonel Brie. Rivera contrôle la campagne derrière les lignes oribistes avec une cavalerie de "gauchos" à cheval et des bataillons de noirs opportunément libérés de l'esclavage en échange de leur aide.
Les Anglais et les Français profitent de la guerre civile qu'ils avaient contribuée à déclencher pour envoyer une flotte marchande de 90 navires vers le Paraguay. La conquête de nouveaux marchés est en effet au coeur de l'engagement des Européens dans la région. Cette flotte marchande, dirigée par Garibaldi, gagne, le 20 novembre 1845, la bataille de Obligado contre Rosas et le commandant Brown. Elle est restée célèbre dans les annales de la marine de guerre mondiale car elle a révélé la supériorité de la vapeur sur la voile.Toutefois cette stratégie de conquête commerciale se heurte à la solidarité entre latino-américains (les ennemis de Rosas refusent d'acheter les marchandises européennes).
Les épisodes de la guerre civile uruguayenne sont connus en France par la presse sous le nom de la "question de la Plata", et par le roman d'Alexandre Dumas, La nouvelle Troie, écrit par l'ancien ministre de la Guerre uruguayen Melchor Pacheco y Obes, ambassadeur de l'Uruguay en France, qui fût son "nègre" pour ledit roman. Le sort de Montevideo et de sa population française, fut de 1838 à 1852 l'une des préoccupations majeures de la politique de la France. La grande presse parisienne de l'époque polémiqua sur la "Question de la Plata" et nous retrouvons les discours de tous les grands orateurs de l'époque: Guizot, Thiers, Lamartine, Tocqueville, à la Chambre sous Louis Philippe, ainsi que dans les discours de Louis- Napoléon, prince-Président. Selon Chevalier de St-Robert :"au point de vue commercial et maritime, Montevideo valait mieux pour la France que toutes ses colonies ensemble...avant la guerre la population française s'élevait à 25000 âmes, ( un tiers de la population) et le commerce français s'y était accru,en dix ans, du chiffre énorme de 375%! en septembre 1842, l'on a vu dans le port de Montevideo jusqu'à 116 navires français".
Comme la remontée du Paraná n'avait pas donné les résultats commerciaux escomptés, en grand partie parce que même les enemmis de Rosas n'avaient pas accepté le passage en force de la flotte anglo-française, les Français et les Anglais furent obligés denégocier la libre navigation avec Rosas. En 1847, du 5 mai au 4 août, deux nouveaux ministres arrivèrent au Rio de la Plata, lord Howden envoyé par Palmerston, et le comte Walewski, fils de Napoléon, envoyé par Guizot. Cet important mouvement diplomatique, consulaire, naval et mondain, fut décidé par Louis-Philippe pour calmer les Français de Montevideo, pour tenter de sauvegarder l'indépendance de l'Uruguay et de rétablir la paix dans les pays de la Plata. Au milieu de la baie de Montevideo, il y avait une forêt de voiles arborant des pavillons de toutes les nationalités: 9 espagnols, 7 anglais, 6 français, 6 américains du nord, 11 brésiliens, 11 sardes, et plusieurs navires danois, brémois, hambourgeois, hollandais, et suédois. Le comte Walewski s'installa au 275 de la rue Buenos Aires, au cœur de la vieille ville, siège du Consulat de France. Il devint le point de mire et d'espoir de toute la ville, les anciens soldats de son père firent des manifestations devant sa maison, avec les drapeaux napoléoniens. Le 25 juin 1847, à la demande des légionnaires, Garibaldi fut nommé chef de toutes les troupes, y compris les nationaux, et les esclaves libérés qui l'accompagnèrent ensuite en Italie pour réaliser l'Unité italienne. Pour habiller ses troupes, Garibaldi demanda d'utiliser les tissus rouges destinés aux abattoirs de Buenos Aires (de là viennent les fameuses « chemises rouges » des troupes de Garibaldi).
Le 17 juillet, le gouvernement nationalise son armée étrangère et forme le Bataillon de la Constitution avec des officiers sans troupes, nommés parmi ses fonctionnaires civils. Walewski conseille aux trois chefs étrangers d'être prudents pour ne pas accréditer les bruits qui courraient, même en Europe, selon lesquels Montevideo est aux mains des Européens. Walewski apprend que son arrivée au Consulat français est interprété comme une mesure préparatoire à la paix à tout prix, à la reconnaissance d'Oribe comme président et à son entrée dans la ville assiégée. Le 30 juin 1847, les multiples conférences se terminent par la rupture des négociations avec Rosas. La levée du blocus franco-anglais est décidé par Howden. Après la rupture des négociations avec Rosas, Walewski refuse de quitter Montevideo, il propose un plan d'intervention militaire (similaire à ceux de son père) et l'envoit à Guizot auquel il écrit "...Il ne reste donc que deux déterminations à adopter: se retirer en renonçant pour longtemps à toute influence et à toute considération dans l'Amérique du Sud, ou bien employer les voies coercitives". Le 3 août Walewski fait ses adieux de rigueur au gouvernement de "la Defensa", sans prendre congé d'Oribe. Il partit le 4 août, et arrive à Toulon le 28 septembre.
Le départ du comte Walewski marque l'échec d'une diplomatie française d'influence en Uruguay et dans toute l'Amérique du Sud. Seule la culture, et les idéaux de la Révolution, gardent le prestige de la France.
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Les gouvernements, proches du parti de "la Defensa", malgré l'abandon français au XIXème siècle, prennent parti durant les deux guerres mondiales du XXème siècle pour la France en dépit de sa neutralité affichée.
Lors de la première guerre mondiale, en 1915, le gouvernement uruguayen décrète le 14 juillet "Journée de l'Humanité", et organise une collecte pour la Croix Rouge des Alliés.
En décembre 1918, par décret, le gouvernement de Baltasar Brum décide de lancer un emprunt pour souscrire à des obligations émises par la France pendant la guerre. La banque de la République Orientale d'Uruguay avance au gouvernement de la République française la somme de 15 millons de "pesos oro" (plusieurs millons d'euros). Par ailleurs, l’Uruguay fournit à la France nourriture, cuirs, matériel d'hôpital, etc. et en 1920, la dette est annulée pour aider la France à se rétablir.
Pendant la seconde guerre mondiale, l'épisode du cuirassé allemand Admiral Graf Spee marque l'engagement de l'Uruguay dans le camp des Alliés. Ce navire emdommagé trouve refuge dans le port de Montevideo en vertu de la neutralité uruguayenne, mais, à la demande de l'Ambassadeur anglais, est prié de quitter le port à la sortir duquel l'attendaient trois croiseurs anglais, l'Achile, l'Ajax et l'Exeter, qui le coulent.
Enfant, je me souviens d'avoir vu l'épave du Graf Spee depuis la plage.
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C'est à la lumière de ces trois siècles de relations franco-uruguayennes que prend tout son sens l'expulsion de l'Ambassadeur de Vichy le 25 août 1944.
Pour conclure, j'aimerais souligner l'impact de ces relations sur les équilibres politiques dans l'Europe de la seconde moitié du XIXième siècle. Trois personnages historiques se sont en effet rencontrés à Montevideo au moment de la grande guerre civile. Le comte Walewski, futur ministre des Affaires étrangères de Napoléon III, Giuseppe Garibaldi, celui qui a fait l'Unité italienne, ainsi que son fils Menotti né en Uruguay, enfin, Mastai-Ferretti qui deviendra Pie IX dont les idées libérales suscitèrent beaucoup d'enthousiasme en Europe.
La guerre civile est née des luttes d'influence entre les puissances européennes pour conquérir les marchés sud-américains, mais, en retour, les idéaux, les cultures politiques et les déceptions qu'elle suscita contribuèrent à l'essor du mouvement des nationalités en Europe.
Paris, le 6 mai 2010.